Nos pasamos la mitad de nuestras vidas imaginando cómo será nuestro futuro.
Decimos a nuestros pensamientos, que vendrá un hombre vestido de azul y montado en un corcel blanco, y nos sacará de una prisión donde una bruja mala nos tiene encerradas.
Qué bonito es el ser ignorante, porque a medida que creces y te vas dado cuenta que eso sólo son cuentos que quedaron en el ayer, te desesperas. Y te desesperas hasta tal punto que acabas regalando tu corazón a diestro y siniestro como si fuera un juguete en oferta. ¿Por qué esperar a nuestro príncipe?¿Por qué no lanzarnos directamente a la piscina e ir con ese caballero de alma blanca que ni siquiera conocemos?
Porque efectivamente, para amar hay que esperar. Y si quieres ser amado, no eres correspondida y encima sufres.. pequeña, creo que tenemos un problema. Porque hemos vuelto a lo que te he dicho de regalar tu corazón como un juguete barato. Qué irónico todo, ¿verdad? Esperar y al final, no ser correspondida.
Si es que ya me lo decía mi madre, la ironía se deja para el amor, y el amor se deja para los cuentos de Disney. Pero yo, con ironía no la creí.
Hasta ahora.

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